Los celos...

Los celos...
Los celos quitan el sueño, el apetito, las ganas de vivir. Los celos obsesivos son capaces de provocar los sentimientos más negativos y diabólicos



                                


¿Qué es el infierno? ¿un lugar de tormentos en donde los condenados se ven privados de la visión de Dios y sufren, con los demonios, suplicios horribles que nunca acabarán? ¿Cuando la conversión del condenado ya no es posible? ¿el momento preciso en que se reciben los estados de cuenta de las tarjetas de crédito? ¿la primera cana y la primera arruga que se descubre ante el espejo? ¿el Periférico un viernes de quincena a las seis de la tarde?

Seguramente esto y otras muchas cosas representan el infierno. Pero, sobre todo... sobre todo, el infierno son: ¡los celos!

Los celos quitan el sueño, el apetito, las ganas de vivir. Los celos obsesivos son capaces de provocar los sentimientos más negativos y diabólicos.

Una mujer apasionada y celosa es capaz de poner azúcar al tanque de gasolina del auto de su pareja; es capaz de seguirlo, secretamente, durante 24 horas; es capaz de contratar un detective; es capaz de convertirse en tragafuego con el objeto de lanzarle la flama a la mujer que lo acompaña; es capaz de hacer huelga de hambre en el Zócalo; es capaz de ir a ver al presidente de la República e inventar que su compañero forma parte del Cártel del Golfo; etcétera, etcétera.

¿Y los hombres? Ellos, los celosos, también son de armas tomar. No hay nada más vengativo que un macho celoso.

Ahora veamos algunos hombres notables supercelosos:
Marcel Proust es uno de ellos. Durante sus relaciones sentimentales siempre terminaba espiando y hostigando a su pareja por sus terribles celos. Él mismo no sabía cuándo sufría más, si cuando los sentía o al sentirse culpable por esta actitud.

Sigmund Freud prohibía a Marta, su prometida, llamar a su primo con su nombre de pila. Cuando se refería a él, tenía que decir: el señor X. Tampoco tenía permiso de patinar en hielo ya que, al caer, lo más seguro era que un joven la ayudara a levantarse...

Alfred Nobel, el célebre fundador del premio, rehusó crear uno en la categoría de “matemáticas” porque se decía que la señora Nobel frecuentaba a un matemático. Debido a sus celos, los inocentes matemáticos notables no tendrán nunca la esperanza de recibir, algún día, el premio Nobel.


FRASES QUE REFLEJAN EL SENTIR DEL CELOSO

Se han escrito miles y miles de frases célebres acerca de los celos. Roland Barthes decía: “Al ser celoso, sufro cuatro veces: por sentirme excluido, por ser agresivo, por ponerme como un loco y por ser tan ordinario”.

Jacques Chardonne afirmaba que los celos “son el vicio de la posesión. Poseer está prohibido al hombre. A falta de poseer la persona real, el celoso se agota por crear una presencia ficticia, incesantemente revitalizada por la idea de perderla”.


Shakespeare sostenía: “Una nada, un soplo, una ligera sombra como el agua; ante los ojos del celoso, todo, todo se convierte en una prueba tan fuerte como es la palabra del Evangelio”.

Si eres de las celosas que investigan en la agenda del otro; inspecciona las bolsas del pantalón; mira en el interior de las carteras; hace escenas de celos en público; revisa el número de llamadas telefónicas hechas por el celular; controla sus estados de cuenta bancarias y de tarjetas de crédito; abre su correspondencia; contrata detectives para que lo sigan; lo sigue en la calle, a pie o en automóvil; revisa su ropa para buscar cabellos o trazas de lápiz labial o de perfume; verifica si, efectivamente, están en tal restaurante; llama por teléfono diez veces al día, a su oficina, para cerciorarse de que sí se encuentra allí, sin duda eres de las que ya descendieron a los infiernos, lugar de suplicios y de tormentos de donde, difícilmente, tienes posibilidades de salvarte.

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